sábado, 28 de septiembre de 2019

145. LA FE VICTORIOSA DE ANA.


…9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, 10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. 11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza. 

12 MIENTRAS ELLA ORABA largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. 13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria. 14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.

15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová 
16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste. 


19 …y Jehová se acordó de ella. 20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová… 24 Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño. 25 Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí.
26 Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová.
27 Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. 28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová. (1 Samuel 1).

*ELCANA, un levita del monte de Efraín, era hombre rico y de mucha influencia, que amaba y temía al Señor. Su esposa, Ana, era una mujer de piedad fervorosa. De carácter amable y modesto, se distinguía por una seriedad profunda y una fe muy grande.

A esta piadosa pareja le había sido negada la bendición tan vehementemente deseada por todo hebreo. Su hogar no conocía la alegría de las voces infantiles; y el deseo de perpetuar su nombre había llevado al marido a contraer un segundo matrimonio, como hicieron muchos otros. Pero este paso, inspirado por la falta de fe en Dios, no significó felicidad.

Se agregaron hijos e hijas a la casa; pero se había mancillado el gozo y la belleza de la institución sagrada de Dios, y se había quebrantado la paz de la familia.

Peninna, la nueva esposa, era celosa e intolerante, y se conducía con mucho orgullo e insolencia. Para Ana, toda esperanza parecía estar destruida, y la vida le parecía una carga pesada; no obstante, soportaba la prueba con mansedumbre y sin queja alguna.

Elcana observaba fielmente las ordenanzas de Dios. Seguía subsistiendo el culto en Silo, pero debido a algunas irregularidades del ministerio sacerdotal no se necesitaban sus servicios en el santuario, al cual, siendo levita, debía atender. Sin embargo, en ocasión de las reuniones prescritas, subía con su familia a adorar y a presentar su sacrificio.

Aun en medio de las sagradas festividades relacionadas con el servicio de Dios, se hacia sentir el espíritu maligno que afligía su hogar. Después de presentar las ofrendas, participaba toda la familia en un festín solemne aunque placentero. En esas ocasiones, Elcana daba a la madre de sus hijos una 615 porción para ella y otra para cada uno de sus hijos; y en señal de consideración especial para Ana, le daba a ella una porción doble, con lo cual daba a entender que su afecto por ella era el mismo que si le hubiera dado un hijo.  

Entonces la segunda esposa, encendida de celos, reclamaba para sí la preferencia como persona altamente favorecida por Dios, y echaba en cara a Ana su condición de esterilidad como evidencia de que desagradaba al Señor. ESTO SE REPITIÓ AÑO TRAS AÑO HASTA QUE ANA YA NO LO PUDO SOPORTAR. Siéndole imposible ocultar su dolor, rompió a llorar desenfrenadamente y se retiró de la fiesta. En vano trató su marido de consolarla diciéndole: "Anna, ¿por qué lloras? y ¿por qué no comes? y ¿por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?" (Véase 1 Samuel 1; 2:1-11).

ANA NO EMITIÓ REPROCHE ALGUNO.  
Confió a Dios la carga que ella no podía compartir con ningún amigo terrenal. Fervorosamente pidió que él le quitase su oprobio, y que le otorgase el precioso regalo de un hijo para criarlo y educarlo para él. Hizo un solemne voto, a saber, que si le concedía lo que pedía, dedicaría su hijo a Dios desde su nacimiento.  

Ana se había acercado a la entrada del tabernáculo, y en la angustia de su espíritu, "oró a Jehová, 
y lloró abundantemente." Pero hablaba con el Señor en silencio, sin emitir sonido alguno.  

RARA VEZ se presenciaban semejantes escenas de adoración en aquellos tiempos de maldad.  

En las mismas fiestas religiosas eran comunes los festines irreverentes y hasta las borracheras; y Elí, el sumo sacerdote, observando a Ana, supuso que estaba ebria. Con la idea de dirigirle un merecido reproche, le dijo severamente: "¿Hasta cuándo estarás borracha? digiere tu vino."

Llena de dolor y sorprendida, Ana le contestó suavemente: "No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajaba de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora." 616

EL SUMO SACERDOTE se conmovió profundamente, porque era hombre de Dios; y en lugar de continuar reprendiéndola pronunció una bendición sobre ella: "Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho." Le fue otorgado a Ana lo que había pedido; recibió el regalo por el cual había suplicado con tanto fervor. Cuando miró al niño, lo llamó Samuel, "demandado de Dios." 


Tan pronto como el niño tuvo suficiente edad para ser separado de su madre, cumplió ella su voto. Amaba a su pequeñuelo con toda la devoción de que es capaz un corazón de madre; día tras día, mientras observaba su crecimiento, y escuchaba su parloteo infantil, sus afectos lo enlazaban cada vez más íntimamente. Era su único hijo, el don especial del Cielo, pero lo había recibido como un tesoro consagrado a Dios, y no quería privar al Dador de lo que le pertenecía.

Una vez más Ana hizo el viaje a Silo con su esposo, y presentó al sacerdote, en nombre de Dios, su precioso don, diciendo: "Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo pues le vuelvo también a Jehová: todos los días que viviere, será de Jehová."

Elí se sintió profundamente impresionado por la fe y devoción de esta mujer de Israel. Siendo él mismo un padre excesivamente indulgente, se quedó asombrado y humillado cuando vio el gran sacrificio de la madre al separarse de su único hijo para dedicarlo al servicio de Dios. Se sintió reprendido a causa de su propio amor egoísta, y con humildad y reverencia se postró ante el Señor y adoró.

El corazón de la madre rebosaba de gozo y alabanza, 
y anhelaba expresar toda su gratitud hacia Dios.  
El Espíritu divino la inspiró "y Anna oró, y dijo:
"Mi corazón se regocija en Jehová,
Mi cuerno es ensalzado en Jehová;
Mi boca se ensanchó sobre mis enemigos,
Por cuanto me alegré en tu salud.
No hay santo como Jehová; 617
Porque no hay ninguno fuera de ti;
Y no hay refugio como el Dios nuestro.
No multipliquéis hablando grandezas, altanerías;
Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová.
Y a él toca el pesar las acciones. . . .

Jehová mata, y él da vida:
El hace descender al sepulcro, y hace subir.
Jehová empobrece, y él enriquece:
Abate, y ensalza.
El levanta del polvo al pobre,
Y al menesteroso ensalza del estiércol,
Para asentarlo con los príncipes;
Y hace que tengan por heredad asiento de honra:
Porque de Jehová son las columnas de la tierra,
Y él asentó sobre ellas el mundo.
El guarda los pies de los santos,
Mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su fuerza.
Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,
Y sobre ellos tronará desde los cielos:
Jehová juzgará los términos de la tierra,
Y dará fortaleza a su Rey,
Y ensalzará el cuerno de su Mesías."

Las palabras de Ana eran proféticas, tanto en lo que tocaba a David, que había de reinar como soberano de Israel, como con relación al Mesías, el ungido del Señor. Refiriéndose primero a la jactancia de una mujer insolente y contenciosa, el canto apunta a la destrucción de los enemigos de Dios y al triunfo final de su pueblo redimido.

DE SILO, Ana regresó quedamente a su hogar en Ramatha, dejando al niño Samuel para que, bajo la instrucción del sumo sacerdote, se le educase en el servicio de la casa de Dios. Desde que el niño diera sus primeras muestras de inteligencia, la madre le había enseñado a amar y reverenciar a Dios, y a considerarse a sí mismo como del Señor. Por medio de todos los objetos familiares que le rodeaban, ella había tratado de dirigir sus pensamientos hacia el Creador.  

Cuando se separó de su hijo no cesó la solicitud de la madre fiel por el niño. Era 618 el tema de las oraciones diarias de ella. Todos los años le hacía con sus propias manos un manto para su servicio; y cuando subía a Silo a adorar con su marido, entregaba al niño ese recordatorio de su amor. Mientras la madre tejía cada una de las fibras de la pequeña prenda rogaba a Dios que su hijo fuese puro, noble, y leal. No pedía para él grandeza terrenal, sino que solicitaba fervorosamente que pudiese alcanzar la grandeza que el cielo aprecia, que honrara a Dios y beneficiara a sus conciudadanos.

¡CUÁN GRANDE FUE LA RECOMPENSA DE ANA! 
¡Y CUÁNTO ALIENTA A SER FIEL, EL EJEMPLO DE ELLA!
A toda madre se le confían oportunidades de valor inestimable e intereses infinitamente valiosos. El humilde conjunto de deberes que las mujeres han llegado a considerar como una tarea tediosa debiera ser mirado como una obra noble y grandiosa. La madre tiene el privilegio de beneficiar al mundo por su influencia, y al hacerlo impartirá gozo a su propio corazón. 

 A través de luces y sombras, puede trazar sendas rectas para los pies de sus hijos, que los llevarán a las gloriosas alturas celestiales. Pero sólo cuando ella procura seguir en su propia vida el camino de las enseñanzas de Cristo, puede la madre tener la esperanza de formar el carácter de sus niños de acuerdo con el modelo divino.

EL MUNDO REBOSA de influencias corruptoras. LAS MODAS y las costumbres ejercen sobre los jóvenes una influencia poderosa. Si la madre no cumple su deber de instruir, guiar y refrenar a sus hijos, éstos aceptarán naturalmente lo malo y se apartarán de lo bueno.  

Acudan todas las madres a menudo a su Salvador con la oración: "¿Qué orden se tendrá con el niño, y qué ha de hacer?" Cumpla ella las instrucciones que Dios dio en su Palabra, y se le dará sabiduría a medida que la necesite. HPP EGW

Que podemos decir, ¿A Todo Lo Que Ya No Se Haya Dicho?
Bueno podemos añadir un poco más. 
LA FORMA como resolvió Ana, su problema después de muchos años. Es una esperanza para todos los que siguen esperando en el Señor. Pedidos sin respuesta por mucho tiempo, por algún proyecto personal, salud. Problemas en el matrimonio, hijos, laborales...etc.  

Cuando leí este capítulo, realmente me conmovió las palabras de Ana. Cuando se dirige al todopoderoso, y como esas palabras pudo conmover su gracia. Y recibir lo que tanto anhela, un hijo; que fue la realización y la dignificación de Ana.

 De ahora en adelante, nunca más, nadie se burlaría de ella. Ya no tenía miedo. La tristeza se fue para siempre. La felicidad seria el pan de cada día en su vida. ¡Todo porque confió la causa de su desdicha a Dios; quien está siempre a responder a la fe contrita y humilde!

PUEDES PREGUNTARTE: 
¿Por qué Ana, demoró tanto tiempo, para resolverlo? 
¿acaso no iba al templo periódicamente? 
¿Será que a Dios, le gusta hacernos esperar? 

Mientras Ana fue al Santuario en Silo, los últimos años. 
No estaba preparada para recibir su bendición total. 
¿Cómo? 
Bueno es simple. Iba, pero en ese periplo solo estaba centrada en ella 
y solo en ella. Diciendo, ¿pero porque Dios me castiga y no me da hijos? 
¿Porque mi esposo trajo otra mujer a mi casa? 
¿Por qué soy tan desdichada? 
Y los porqués no acababan. 

Antes las dificultades y pruebas de 
la vida, tenemos más de una actitud: 
1. Porque a mi Señor, ¿acaso no creo en ti?
2. Porque no a mi Señor. 
3. ¿Qué me quieres enseñar?
4. Que se haga tu voluntad.
5. Gracias por las pruebas. 
Santiago 1:2; Rom. 12:12.

Y Ana, salió de la autocompasión y de la falsa humidad y enfrentó su problema como
 debe enfrentarlo todo hijo (a) de fe, y humillándose suplicó. Y la solución vino.

Muchos pedidos no llegan, porque pedimos mal. Santiago 4:3.
 Vayamos a Dios, con la actitud correcta. Y los resultados vendrán. 
Dios te bendiga. (Ministerio Hno. Pio)

viernes, 20 de septiembre de 2019

144. LA HISTORIA DE RUT 4: “UNA DESCENDENCIA BENDECIDA”


BOOZ HABLA CON EL PARIENTE MÁS CERCANO
1 BOOZ subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano, ven acá y siéntate.  Y él vino y se sentó.
2 Entonces él tomó a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos aquí.  Y ellos se sentaron.
3 Luego dijo al pariente: Noemí, que ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras que tuvo nuestro hermano Elimelec.
4 Y yo decidí hacértelo saber, y decirte que la compres en presencia de los que están aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo.  Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después de ti.  Y él respondió: Yo redimiré.
5 Entonces replicó Booz: El mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que restaures el nombre del muerto sobre su posesión.

ESTE REHÚSA EFECTUAR LA REDENCIÓN CONFORME A LA COSTUMBRE QUE HABÍA EN ISRAEL. 
6 Y respondió el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi heredad.  Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré redimir.
7 Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a su compañero; y esto servía de testimonio en Israel.
8 Entonces el pariente dijo a Booz: Tómalo tú.  Y se quitó el zapato.

BOOZ COMPRA LA HERENCIA. 
9 Y Booz dijo a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón.
10 Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre sus hermanos y de la puerta de su lugar.  Vosotros sois testigos hoy.

SE CASA CON RUT. 
11 Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta con los ancianos: Testigos somos.  Jehová haga a la mujer que entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre en Belén. 441
12 Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé Jehová.

ELLA DA A LUZ A OBED, ABUELO DE DAVID. 
13 Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo.
14 Y las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel;
15 el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor para ti que siete hijos.
16 Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su regazo, y fue su ayo.
17 Y le dieron nombre las vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed.  Este es padre de Isaí, padre de David.

LAS GENERACIONES DE FARES. 
18 Estas son las generaciones de Fares: Fares engendró a Hezrón,
19 Hezrón engendró a Ram, y Ram engendró a Aminadab,
20 Aminadab engendró a Naasón, y Naasón engendró a Salmón,
21 Salmón engendró a Booz, y Booz engendró a Obed,
22 Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a David.


 *Éste capítulo es la culminación, que empezó con pérdidas, tristezas, amarguras… de una familia de Belén de Judá, que partió a un pueblo distinto a su fe. De cuatro miembros que fueron, volvieron solo uno. Después de sus muertes. Una de sus nueras se queda con su suegra.  

Y lo admirable de esta historia es que, cómo una joven se hizo cargo de una anciana con su futuro incierto. 
“Pero al que obra bien, de seguro activará las bendiciones, reservadas para su beneficio”. 
Y después de muchas peripecias llegan a Belén. Y por gracia de Dios. Rut va al campo de Booz. Donde entablan una relación que conlleva al matrimonio. 

Éste capítulo 4, es la concretización de las bendiciones a una mujer que obró de buena fe. Solo por el simple hecho de ayudar y proteger a su suegra.

*Pero aún era necesario arreglar el caso del pariente cercano, y Booz le informa del caso a su pariente. Y este consiente en comprar las tierras de Noemí. Pero no quiere todo el paquete, solo las tierras. Y Así Booz se hace cargo de las Tierras y de lo más valioso, de Rut. Este relato termina con el nacimiento del hijo de ambos. Y Noemí tiene el privilegio de educarlo. “Por el amor de Rut, Obed fue, por así decirlo, hijo de Noemí”. CBA

Si Rut, si hubiera quedado en su país, así como lo hizo Orfa la otra nuera. Su nombre no hubiera sido tan ilustre como predecesora de reyes y lo más importante del Mesías. Cristo Jesús. Mt. 1.

 Dios bendiga tu vida hoy y siempre. Y tengas el espíritu del amor que movió a Rut por su suegra. Amen. 
Ministerio Hno. Pio 

143. LA HISTORIA DE RUT 3: “EL PARIENTE CERCANO”


"Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos".

CAPÍTULO 3
POR INSTRUCCIÓN DE NOEMÍ, 
1 DESPUES le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien?
2 ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado?  He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas.
3 Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber.
4 Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.

RUT SE ACUESTA A LOS PIES DE BOOZ. 
5 Y ella respondió: Haré todo lo que tú me mandes.
6 Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado.
7 Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón.  Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó.

BOOZ RECONOCE EL DERECHO DEL PARIENTE MÁS CERCANO. 
8 Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies.
9 Entonces él dijo: ¿Quién eres?  Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano.
10 Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos.
11 Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
12 Y ahora, aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo.
13 Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová.  Descansa, pues, hasta la mañana.

LA ENVÍA CON SEIS MEDIDAS DE CEBADA.
14 Y después que durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No se sepa que vino mujer a la era.
15 Después le dijo: Quítate el manto que traes sobre ti, y tenlo.  Y teniéndolo ella, él midió seis medidas de cebada, y se las puso encima; y ella se fue a la ciudad.
16 Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo: ¿Qué hay, hija mía?  Y le contó ella todo lo que con aquel varón le había acontecido.
17 Y dijo: Estas seis medidas de cebada me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las manos vacías.
18 Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no descansará hasta que concluya el asunto 

*NOEMÍ, siente la responsabilidad de que debería buscar seguridad permanente para Rut. Ya está anciana y necesita estar segura que después de que ella no esté, Rut pueda estar bien. 
Y para ello planifica que Booz la acepte como su esposa. Y cuando él, descubre la presencia de Rut. La bendice por haberlo elegido. Porque como joven que era Rut; pudo elegir entre los jóvenes de Israel.

Pero no actuó por si juicio propio; 
sino por el consejo de una anciana.
 Su Suegra. 

*Que lección para los jóvenes de hoy. Que ante una decisión tan importante de consecuencias duraderas; deberían de buscar el consejo de los padres, ante estos casos especialmente.  

A Rut, le fue bien, porque escuchó el consejo de un adulto experimentado. 
“la juventud con la experiencia fue lo que conllevó el éxito de Rut.”

¿Joven quieres ser exitoso en la vida? 
Busca el consejo de Dios, de tus padres y de los ancianos en la fe. 

Bien, Siendo Booz el pariente más cercano, estaba en la obligación moral de redimirla. 
Pero ante el encuentro con Rut, Booz dice: “Que aún hay otro pariente más cercano” 
“si él te redimiere, bien, redímate; más si él no te quisiere redimir, yo te redimiré” vers. 13.
“Eso quiere decir que era voluntario redimir”

¡Ojo! 
El encuentro de Rut y Booz, estaba en armonía a los principios. Fue un encuentro de pureza y respeto. 

Y este capítulo termina, con palabras de esperanza de Noemí a Rut. Que diferencia, Noemí ya no está frustrada, ni amargada. Esta ya curada. Ahora tiene esperanza y fe. 

Aplicando a nuestro pariente mas cercano Jesús. También nos redimió voluntariamente, de buena gana, no fue obligado. Mejor dicho: se obligó a sí mismo, para salvarnos.

Él dijo: “porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar” “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar” Juan 10:17,18.

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Filipenses 2. 
Ministerio Hno. Pio