sábado, 27 de mayo de 2017

09. LA GLORIA DE DIOS


I). 1 En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4 Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. 
Isaías 6:1-5. 

Uzias fue uno de los reyes que gobernó más tiempo en Jerusalén, gobernó 52 años. 2 Cron. 26:3. Al final de su reinado terminó mal… al final de la vida de este rey, es cuando Isaías vio esta magnífica visión en el año 751 AC. Aprox.
Pocos son los casos como éste que se puedan encontrar en el resto de la biblia. En la que un hombre mortal vio la gloria de Dios, imagínense que experiencia maravillosa. Al contemplar el trono de Dios por dentro y como funciona, es un caso casi único, en la que ve a los serafines que tienen 6 alas, alas para servir y no para lucirse. 

Habla de la reverencia con la que actúan estos seres angelicales, su primer deber es darles la gloria y la alabanza a Dios, Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo. Por eso repite 3 veces Santo, Santo, Santo. 

Dios gobierna en cielo y tierra y mar, es imperceptible a los ojos nuestros, pero si ves con los ojos de su Espíritu, podremos verlos y quedar arrobados, y no solo extasiados, también reconfortados y alimentados. Porque contemplar la gloria de Dios en todo lo que ha creado alimenta y hace crecer nuestra fe, fe en su amor por la humanidad, fe en que nos salva y perdona, fe en que nos sustenta cada día, hora tras hora nos sostiene , nos da vida, vida para alabarle con toda las áreas de nuestro ser. 

 Por más que es un gozo ver y sentir la presencia de Dios, el temor es parte de nuestra naturaleza caída. Los serafines no tienen miedo como nosotros, el temor es santo que los lleva a servirle, alabándolo siempre, con gozo y placer, porque viven para servir a su creador. 

 II). 6 Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7 y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. 8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Isaías 6:6-8. 

Los hijos de Dios a través del tiempo, hay edificado altares, con la finalidad de presentarse ante Dios, para adorarle, para alabarle y para pedir perdón, por medio de las víctimas que eran ofrecidas como símbolo del Mesías que vendría. Gen. 8:20; 12:7; Ex. 20:24; Juan 1:29. 
Solo Dios puede purificarnos y habilitarnos para llevar su palabra al mundo entero. Lo que hagamos por nuestro propio esfuerzo de nada servirá. Jer. 2:22. 13:23. 
 Solo hay una forma de ser perdonados y purificados, cuando éste viene del altar, el altar de Dios, donde nuestro abogado Jesucristo. 1Juan 2:1, nos abrió una puerta de acceso directo. Heb. 4:14-16. 
Y al cumplir la Misión que nos encomendó nuestro Señor, estará siempre con nosotros. Mat. 20:28. 

 “La mayor de la profesiones en esta vida no se compara a la Misión de predicar el evangelio de salvación, es una profesión que trasciende esta vida y la eternidad”. 

Dios podría dar el mensaje sin la ayuda nuestra, pero no lo da porque es fuego consumidor, no puede el pecado ver, si se mostrara a la humanidad con toda su gloria, la humanidad moriría, ¿pero podría velar su gloria dirás? Podría claro, para Dios todo es posible. Pero en el plan de salvación no se estipula la intervención directa, más la que se mostró con Jesucristo. 
Los ángeles solo puede ayudar a los seres humanos en la obra que estos deben realizar. El caso de lo que pasó con Pedro y Cornelio. El ángel habló con los dos, pero el puente de enlace tenía que ser hecho por el hombre. Y lo mismo pasó con Felipe y El Etíope… 

Por tanto se nos ha dado la misión de enseñar la palabra de Dios y luego bautizar a los nuevos discípulos.
 No hay mejor forma de aprender y crecer en la fe, que cuando enseñas de Dios a otros. Al enseñar, toda tu capacidad mental se activa, la mente se pone en contacto con el cielo, por medio del Espíritu Santo, y es cuando vemos nuestra fragilidad, nuestra dependencia, y que nada podemos hacer sin ayuda. 

 En toda etapa de nuestra carrera podamos decir como el apóstol Pablo:  
Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. (Hechos 20:24 R60) 

24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible, 26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, 27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. (1Cor. 9:24-27 R60). 

7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. (2Tim. 4:7-8 R60) 

 1Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. (Heb. 12:1-3 R60).

 “Entonces Salvando a otros nos salvaremos” 
Asi de simple es la Misión. Hno. Pio 

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