martes, 9 de julio de 2019

117. LA OTRA GENERACIÓN.


7 Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel. 10 Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres.  Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. 
Jueces 2:7,10. 

HABÍA SERVIDO A JEHOVÁ.
Por lo menos externamente y en conjunto.  El recuerdo de las grandiosas intervenciones divinas en su favor mantuvo por un tiempo a los israelitas leales a su fe, por lo menos en apariencia.

JOSUÉ.
Es grato pensar en cuán abarcante puede ser la influencia de un dirigente piadoso.  Su acción y su influencia sobre Israel fueron tales que, durante su vida, bastaron para que el pueblo fuera leal a las promesas que había hecho a Dios.

Ancianos.
Los ancianos eran los jefes de familias y clanes.  Tenían autoridad oficial en asuntos sociales y religiosos, y uno de sus deberes principales era el de mantener la lealtad a las costumbres y la religión definidas por Moisés.  Cuando murieron, la apostasía religiosa comenzó a difundirse rápidamente.  Este pasaje ayuda a comprender que no sólo los grandes y renombrados dirigentes pueden influir para bien, sino que los subalternos también pueden moldear las normas de la vida religiosa.

Un buen líder poco o nada puede hacer; si no hacemos la aplicación de lo aprendido en casa, y en nuestra vida. Por tanto, la enseñanza es permanente y continuado. 

Y SE LEVANTÓ DESPUÉS DE ELLOS OTRA GENERACIÓN.
Esta era la generación que se había criado en la tierra de Canaán, sujeta a las influencias corruptas del trato social y religioso con la gente idólatra del país.  Los hijos estaban cosechando en forma abundante lo que sus padres habían sembrado.

NO CONOCÍA A JEHOVÁ.
No conocían por experiencia propia las portentosas obras de Dios, y a causa de las influencias corruptas del ambiente en que vivían no habían desarrollado firmeza e independencia de carácter. Josué y los ancianos de los tiempos anteriores les habían servido de sostén; pero al morir ellos, la nueva generación tropezó y cayó porque no tenía un fundamento religioso fuerte. 2 CBA

* ESTA EXPERIENCIA DE ISRAEL además debe hacernos reflexionar: ¿Cómo estoy preparando a la nueva generación? No solo debemos ser una influencia para el bien; también tenemos que llenar del conocimiento de Dios, por su palabra. 
Éstos líderes y consecuentemente los padres en el hogar no continuaron la enseñanza descrita Deuteronomio 6:6-9.
"Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas".

“Sin información o enseñanza de la palabra de Dios, no hay conocimiento y sin conocimiento no hay fidelidad a Dios. Porque la fidelidad se renueva día a día, cada hora, en cada instante”. 

Por Tanto “Es imprescindible que todos los cristianos examinen bien los fundamentos de su fe, para saber si su experiencia es una relación personal y directa con Dios o meramente un esfuerzo externo basado en la experiencia de otros. Si no ocurre lo primero, pueden sufrir el mismo fin de esos israelitas de la segunda generación.  

Además, los cristianos deben recordar lo que Israel olvidó: la dirección providencial de Dios en el pasado.  
"No tenemos nada que temer en lo futuro, excepto que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido y sus enseñanzas en nuestra historia pasada" (3JT 443).

FINALMENTE: ¿Quieres ser fiel y mantener tu promesa hecha a Dios? ¡Renuévala Cada día, en todo momento, pensando y hablando con él y hablando, de él! consultándolo en todo lo que haces; teniendo una línea abierta. Así nunca lo olvidarás, ni tampoco lo dejaras de adorar; y lo servirás por siempre. Amen. 
Ministerio Hno. Pio. 

* Leer el texto completo en Jueces 2: 6-23.

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